Al día siguiente de nacer recibió el bautismo en su parroquia natal. Sus padres se llamaban Juan Bautista Ferreres Mompó y Vicenta María Boluda Bru.De pequeño ayudó a su familia en las tareas agrícolas.A los dieciséis años de edad ingresó en el Seminario Conciliar de Valencia, donde se dio a conocer por su inteligencia despierta y por sus virtudes humanas y cristianas. Fue colegial del Colegio de la Presentación de Nuestra Señora y Santo Tomás de Villanueva, del que fue rector en los últimos años de su estancia.

MONASTERIO DE VERUELA.
El 18 de diciembre de 1886, témporas de Adviento, recibió la ordenación sacerdotal. A los pocos meses de ser coadjutor de Albaida ingresó en la Compañía de Jesús. El 30 de junio de 1888 inició el noviciado en el monasterio de Veruela (Zaragoza) y dos años después hizo su primera profesión religiosa.

FILOSOFÍA Y LETRAS UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA.
Obtuvo la licenciatura de Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza. Fue profesor en los colegios de Zaragoza y Orihuela. El 15 de agosto de 1900 hizo su profesión solemne de los cuatro votos y empezó a desempeñar los cargos de profesor de Moral y Derecho canónico en la Facultad de Teología de San Cugat de Vallés (Sarriá-Barcelona). De 1918 a 1924 residió en la curia generalicia de Roma para acomodar el Instituto de la Compañía de Jesús al nuevo código de Derecho canónico. Colaboró en la codificación del mismo, promulgado en 1917, asesorando al cardenal Gasparri. Al regresar a España se dedicó a escribir.Gozó de gran autoridad como moralista y canonista, habiendo publicado, además de numerosos artículos en las revistas Razón y Fe y Estudios Eclesiásticos, importantes obras que son consultadas por todas las personas que se dedican al estudio de estas materias.

ÁMBITO PARA ESCRIBIR.
Sus libros Compendio de teología moral e Instituciones canónicas, se utilizaron como texto en gran número de seminarios y universidades. También escribió sobre el Derecho sacramental y penal y sobre la historia del misal romano. Publicó también obras de catequesis y de orientación para la vida cristiana. Supo compaginar todo esto con la predicación. Dejó escritos dos volúmenes de panegíricos y sermones, en los que da a conocer su fervor y devoción.

BUSCÓ REFUGIO EN OLLERÍA
El 23 de enero de 1932, con la promulgación del decreto de expulsión de los jesuitas del suelo español, tuvieron que emprender éstos el camino del destierro.El padre Juan Bautista Ferreres, con más de setenta años de edad y seriamente enfermo, se quedó a vivir en Barcelona, dedicado a algunos ministerios sacerdotales.Al estallar la revolución en julio de 1936 buscó refugió en Ollería, su pueblo natal, pero a los pocos días de su llegada fue detenido.

MURIÓ EN LA CÁRCEL DE SAN MIGUEL DE LOS REYES.
En la cárcel de San Miguel de los Reyes sufrió un ataque de hemiplejía, producto posiblemente de los malos tratos recibidos, y no podía moverse. La diabetes que padecía complicó aún más su situación. El 29 de diciembre de dicho año, tras soportar malos tratos y vejaciones, falleció en la misma cárcel, atendido espiritualmente por un padre claretiano y un seminarista.

SAN JUAN PABLO II.
El padre Juan Bautista Ferreres estuvo dotado de un talento singular, acompañado de una actividad incansable.No sólo estaba al día en todas las innovaciones de su materia, sino que además estudiaba las cuestiones modernas médicas, sociales, económicas y las iluminaba con la luz de la moral cristiana. Fue beatificado solemnemente por el papa Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001, junto con otros mártires valencianos.


MANUEL ARANDA ESPEJO

NATURAL DE MONTE LOPE ALVAREZ.
Un seminarista ejemplar, que dio su vida por el Señor Jesús el 8 de Agosto de 1936 en Monte Lópe Alvarez, Diócesis de Jaén, en donde había nacido el 22 de Marzo de 1916. Su vida de seminarista, solo 5 años, fue una entrega total a Dios, a su formación y al ideal de ser un santo sacerdote. Fue un joven seminarista, que entro en el Seminario de Baeza en septiembre de 1931, donde hizo dos años de humanidades, con lo que se consideró maduro para iniciar la preparación en Filosofía en el Seminario de Jaén y en el curso 1933 – 1934. En el verano preparó y superó los exámenes de los otros dos cursos de latín.

MARTOS.
Monte Lópe Alvarez, es un anejo de Martos, entonces con no más de 400 habitantes, que sumados a los de otras cortijadas cercanas podían formar una comunidad de unos 1000 habitantes. No había sacerdote encargado de estos fieles, distantes 14 Km. de Martos. Manuel alternaba el trabajo del campo con la enseñanza que recibía de un maestro idóneo. Era alegre, inteligente, fuerte… un muchacho normal en su ambiente. La práctica religiosa en el lugar era mínima; su familia, creyente, respetuosa con Dios… no se salía del común, aunque aspiraba a algo más. Un sacerdote, de muy tarde en tarde, visitaba la aldea.

SEMINARIO DE BAEZA.
Sí, pero en un ambiente poco religioso, y ya en 1931, con el anticlericalismo… ¿cómo pudo surgir aquella vocación? Dios miró a sus ojos, como hoy sigue mirando a muchos jóvenes, pronunció su nombre y él le escuchó. Dicen que el sacerdote que venía de Martos, que los Sres. Carrasco, que influyó un hermano suyo, estudiante en San Agustín de Jaén… todo colabora con la llamada de Dios. Le encargaron diera catequesis a los niños, sintió la necesidad de saber, entró en contacto con Dios. Una llamada y una respuesta: un desafío y un riesgo. Manuel decidió entrar en el Seminario… y empezaron las dificultades.

DIFICULTADES
Dicho brevemente, lo económico y el ambiente poco propicio a lo religioso. Ni los tiempos, ni las bolsillos estaban sobrados, Manuel era una fuente de ingresos para la casa… la agresividad hacia lo religioso era patente. La decisión de ser cura era, cuando menos inoportuna. Su preparación para entrar en el Seminario no era, tampoco la mejor. En principio, su padre se oponía.

UNA ESPECIE DE NOVICIADO.
Tesón, fuerza de voluntad, alegría interior, confianza en Dios, fidelidad plena a una vocación inicial… en la que fue tan de prisa que solo en cinco años maduró, no ya para la ordenación, sino para la consumación perfecta de su vocación. El primer año debió ser duro para él: tenía 15 años, sus compañeros eran niños, venía de un ambiente rural y poca preparación… pero todo lo superó airosamente: estudios, formas externas, cultura, disciplina, vida de internado. Una especie de noviciado, para una profesión definitiva

SEMINARIO DE JAÉN
El paso a Jaén, para estudiar Filosofía, debió de ser importantísimo para él. Veía orientada su vida hacia su vocación: oración intensa, estudios profundos, ambiente sacerdotal, todo ello ambientado por los Sacerdote Operarios Diocesanos. Aquellos con los que hemos podido constatar, lo consideraron un santo seminarista por su vida y un heroico mártir por su muerte. Esta fue como el lógico desenlace de aquella. Así Don Germán Mártil, Rector que fue en el Seminario de Jaén y después en el Colegio Español de Roma; Don Guillermo Álamo, Don Lorenzo Estero, Don José Rodríguez Yerla y Don José Sola y Don Eduardo Montilla que eran compañeros de cursos superiores, pero le conocieron y algunos tuvieron gran amistad con él; Don Jerónimo Bernabeu, Don Diego García Hidalgo, Don Guillermo Molina, Don José Latorre, y Don Manuel Parra compañeros de curso y otros más han dado testimonio de palabra y por escrito de las grandes virtudes que adornaron a Manuel.
«Seminarista modelo: muy serio, muy estudioso, muy piadoso y muy observante, muy preocupado por las almas y por los problemas que entonces se agitaban en España» «Resaltaba por su ejemplar conducta y piedad, su amor al estudio y su formalidad.» «Excelente, cumplidor, santo». «Tenía un espíritu grande». «Resaltaba sobre el común de sus compañeros, seminarista afable, que atraía por su gran bondad y sencillez. En él no había engaño. Siempre estaba alegre.» «Resalto tres constantes: su fuerza de voluntad, su valentía y sobre todo su gran confianza en Dios«. Tenemos otros muchos testimonios, que ya se han expresado ,en otros lugares: son los de sus propios hermanos, vecinos y amigos del pueblo, un escrito de Don Juan Montijano, que tomó «las primeras declaraciones» en aquellos primeros años del 40, cuando dando misiones en el Monte y huésped en casa de Manuel, pudo escuchar de viva voz la historia, de parte de padres, hermanos y conocidos.

LO ASESINARON EN SU PUEBLO NATAL. TENÍA 20 AÑOS.
Hablan de él:- Un artículo en la Revista Sígueme. Julio – Agosto 1940.- Una breve reseña en la Revista Mi Seminario. 1948. nº 10- El manuscrito de Don Juan Montijano, al que hacemos referencia.- Nota en el Libro «Historia de la persecución religiosa en España. 1936 – 1939». BAC. Madrid 1961. pág. 609. «Manuel Aranda Espejo. Testigo de Dios». Breve estudio biográfico escrito por Antonio Aranda Calvo, sacerdote y sobrino de Manuel.- En Iglesia en Jaén: «Manuel Aranda. Seminarista de la Iglesia de Jaén». 21 de Julio de 1991.- Diversas informaciones y escritos en el Diario JAEN: noticias relacionadas con Manuel, artículos y referencias sobre él. Debemos destacar: «Un caballero de la fe» de Benito Rus. 12 – III – 93; «Un seminarista de Jaén» de Ramón Romera Vera. 10 – III – 93; «Un centro vocacional» de Antonio Aranda Calvo. 17 – III – 93; «Breve glosa de un hombre que murió por Cristo» de Miguel Calvo Morillo. 8 – XII –

BEATO MANUEL BASULTO

ADANERO, ( ÁVILA)
Basulto Jiménez, Manuel. Adanero (Ávila), 17.V.1869 . Obispo de Lugo y Jaén, senador del reino y mártir. El término municipal de Adanero se enclava a una altitud que supera los 900 metros sobre el nivel del mar y se extiende sobre un territorio que ocupa unos 31 kilómetros cuadrados aproximadamente. La población actual es de unos 305 habitantes, dato revelador que refleja una pendiente negativa respecto a su demografía. Su situación geográfica: Adanero se encuentra en la vertiente septentrional de la provincia de Ávila (Sur de Castilla y León), término colindante con la provincia de Segovia, a unos 40 kilómetros de distancia hasta su capital provincial. Los accesos de Adanero son muy buenos y a su núcleo de población se accede a través de la N-VI o bien la A-6, carreteras que conectan el término con las principales ciudades españolas como Segovia, Madrid o Valladolid en las cercanías.

NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN .
SUS MONUMENTOS:
Palacio Consistorial de la Villa, obra decimonónica que hoy ocupa el Ayuntamiento. Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, declarada Bien de Interés Cultura, construcción original de la Edad Media pero que ha sufrido diversas modificaciones a lo largo de su historia, dando como resultado una suerte de síntesis de estilo arquitectónicos. Palacio de los Condes de Adanero, construcción del siglo XVII. Laguna de San Antón, paisaje natural donde se avista especies animales únicas.

UNIVERSIDAD PINCIANA.
Cursada la carrera eclesiástica en el seminario diocesano abulense, se licenció con brillantez en Derecho por la Universidad pinciana. Ordenado sacerdote el 15 de marzo de 1893, no tardó en obtener la magistralía del Cabildo catedralicio leonés y, tiempo después, la lectoralía de la sede matritense. Designado obispo de Lugo el 4 de septiembre de 1909, se consagró el 10 de enero de 1810 en la iglesia madrileña de los Paúles. Después de un pontificado notable por su espíritu caritativo y acertado empleo de los resortes de gobierno, fue designado obispo de Jaén —18 de diciembre de 1919—, sede en la que volvería a ratificar las cualidades antecitadas, con reconocimiento de clero y fieles. Anteriormente, en 1916, había sido designado senador del reino.Tras el golpe de Estado que dio comienzo a la Guerra Civil Española, el 2 de agosto de 1936 el obispo Basulto fue detenido por los izquierdistas en su domicilio del palacio episcopal junto con su hermana, Teresa, como también el esposo de esta, Mariano Martín, así como el deán de la catedral, Félix Pérez Portela. Fue encarcelado en la catedral de Jaén, donde ya se encontraban muchos otros detenidos derechistas en Jaén. Con el estallido de la contienda, las cárceles de Jaén quedaron abarrotadas de detenidos derechistas, lo que supuso un serio problema para las autoridades republicanas de la provincia.

FUE DETENIDO EN LA CATEDRAL DE JAÉN.
El gobernador civil de Jaén, preocupado por el hacinamiento de los presos y por las posibles sacas por parte de elementos incontrolados, habló con el director general de Prisiones, Pedro Villar Gómez, para poder trasladarlos a la cárcel de Alcalá de Henares. Tras obtener el visto bueno, organizó varias expediciones ferroviarias que debían trasladar a los presos. El 12 de agosto, Basulto fue trasladado a un tren junto a otros 245 reclusos, entre los que se encontraban su hermana y el deán de la catedral. Cuando el convoy llegó a la estación de Santa Catalina-Vallecas (Madrid), un grupo de milicianos anarquistas paró el convoy y desenganchó la locomotora. Tanto el jefe de estación como el oficial de la Guardia civil que mandaba la dotación de escolta del convoy, hablaron por teléfono con el director general de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez. Le informaron del incidente y de que los anarquistas habían instalado tres ametralladoras a la altura del Pozo del Tío Raimundo, y que estos habían amenazado con disparar a los guardias civiles si no se marchaban. Manuel Muñoz, impotente y sin medios para poder atajar aquella situación, autorizó a los guardias civiles a retirarse; más adelante explicaría que «la poca autoridad que aún conservaba el gobierno se vendría abajo si las exiguas fuerzas de orden público acababan siendo arrolladas en un enfrentamiento con el pueblo armado».

CRIPTA SEL SAGRARIO DE LA CATEDRAL DE JAÉN
Tras retirarse las fuerzas de orden, los milicianos comenzaron a ejecutar a gran parte de los presos que transportaba el tren. Fueron ejecutadas 193 personas, en grupos de 25, y sus cadáveres saqueados.3 El obispo Basulto, que se puso de rodillas y empezó a rezar, fue uno de los ejecutados. Su hermana Teresa también resultaría asesinada durante la masacre. Cuando el gobernador civil de Jaén se enteró de los asesinatos, desolado, presentó inmediatamente su dimisión.Actualmente se encuentra enterrado en la cripta de la iglesia del Sagrario de la Catedral de Jaén.2El 21 de junio de 2010 la Congregación para las Causas de los Santos aprobó el carácter martirial de la muerte del obispo y sus cinco compañeros de martirio.8 Fue beatificado el 13 de octubre de 2013 en una ceremonia conjunta a la vez que otros 254 mártires. Basulto es uno de los trece obispos asesinados por el bando republicano y mártir del siglo XX.

BEATO FELIX PÉREZ PORTELA

IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN
Don Félix, había nacido un 21 de febrero de 1895 y, al igual que Mons. Basulto, era natural de Adanero (Ávila). Sus padre fueron Miguel y Saturnina, de condición humilde y muy buenos cristianos; inculcaron en sus hijos las virtudes evangélicas mediante una sencilla práctica religiosa y el ejemplo de vida: la Santa Misa, el rezo del Santo Rosario, el cuidado y atención a los más pobres y necesitados. La madre, que con toda el alma deseaba tener un hijo sacerdote, no pudo gozar con el sacerdocio de Don Félix, pues murió en octubre de 1913, cuando aquél marchaba a Roma para los estudios eclesiásticos. El padre, Don Miguel, después de gozosos años participando en la vivencia sacerdotal de su hijo, le cupo deplorar la dolorosa muerte de éste; anciano y lleno de sufrimiento murió en enero de 1937, cuando tenía ya 76 años, consolado de pensar que el modo de martirio de su hijo le había llevado directamente al cielo.

SEMINARIO CONCILIAR DE MADRID.
Don Félix destacó, desde el principio, por su inteligencia, humildad y fidelidad a la propia vocación, de modo que ante la insinuación de un familiar en el sentido de que debía dejar los estudios eclesiásticos para dedicarse a otros «más rentables», contestó rotundamente «¡No seré sino sacerdote!». En 1907 ingresa en el Seminario de Madrid, donde ya vivía la familia; era piadoso, trabajador e inteligente desde pequeño, en los cuatro años de Humanidades y tres de Filosofía consiguió las máximas puntuaciones, pero no gustaba propagarlo. El resultado de estos años, su firmeza de carácter y clara vocación al sacerdocio, hizo que los superiores pensaran en promocionarle mandándole a estudiar a Roma. En octubre de 1913 ingresa en el romano Colegio Español y allí estudia hasta el 1918 en que es ordenado Sacerdote por el cardenal español Rafael Ferry del Val el día 10 de marzo, cantando la Primera Misa en la Capilla del colegio el día 12 del mismo mes. En los estudios consigue el doctorado en Teología y Derecho Canónico.

DESPEÑAPERROS.
Terminado el curso, vuelve a España en julio de 1918, y en su diócesis de Madrid le encomiendan la capellanía de la Religiosas Franciscanas Concepcionistas, después y por sólo cinco meses será Párroco en Cobeña (Madrid) y a pesar del poco tiempo ya dejó señales de su celo pastoral: fundó las Hijas de María, se dedicó a la vida de la comunidad cristiana y atrajo a muchos a la iglesia. Como sabemos en 1920 el obispo de Lugo es nombrado para Jaén y en junio del mismo año llega a su diócesis. Mons. Basulto le propone venga con él a Jaén, Don Félix acepta y, desde ese momento se entregará a su obispo y a la iglesia de Jaén. Pone pié en tierras jiennenses el 27 de junio de 1920, viajando en el ferrocarril que atraviesa Despeñaperros, pasa por Vilches, Linares-Baeza, Espeluy, Mengibar, Las Infanta y Jaén; después hará este recorrido muchas veces y por última vez, también junto a su obispo, cuando llegue al destino final: dar la vida por Cristo en 1936, pero aún le quedan muchos años. El día 29, Fiesta de San Pedro y San Pablo, aparecerá oficialmente como Secretario Particular del Obispo, «Paje» se decía, en la Solemne Celebración Eucarística, que el Prelado oficiará en la S. I. Catedral de Jaén, así como al día siguiente en la de Baeza. Todos miran al joven sacerdote, quien se va ganando poco a poco la confianza de los sacerdotes y de los fieles, en especial de los grupos más significados en el apostolado seglar.

CORO DE LA CATEDRAL DE JAEN
Don Félix era un sacerdote en el que se podían cifrar grandes esperanzas en la perspectiva de una prometedora carrera eclesiástica y un fecundo apostolado. En 1921 gana por oposición un beneficio en la Catedral, del que toma posesión el 17 de noviembre, después de las horas canónicas de la mañana. Al año siguiente, el 7 de agosto, consigue por oposición y con resultados excelentes, una canonjía, de la que tomará posesión en el maravilloso coro catedralicio y en la renacentista Sala Capitular, obra de Andrés de Vandelvira, asumiendo las responsabilidades que imponían los estatutos y las funciones propias de canónigo: participación en los actos litúrgicos, rezo de las horas y sesiones capitulares; se le asignará la residencia en Baeza, pero dados los cargos que asume en servicio del Sr. Obispo y de la diócesis, es dispensado para vivir en Jaén.

CONSILARIO DE LA ADORACIÓN NOCTURNA.
Don Félix se integró bien en el clero diocesano e iba siendo reconocido como miembro destacado del mismo, le apreciaban y confiaban en él, sabían era la mano derecha del Obispo y que en todo procuraba el bien del clero y de esta iglesia local. Fue profesor del Seminario, donde ejerció la labor docente con todo empeño; demostró su buen hacer pedagógico en la preparación de las clases, la puntualidad en impartirlas, y la cercanía a su alumnado; los seminaristas le admiraban y tenían gran confianza en él; más de una vez eran invitados por el canónigo, al menos los de Jaén, a merendar a la propia casa y tener una sustanciosa tertulia. Don Félix va adentrándose, poco a poco, en la vida de la diócesis, conoce al clero, el carácter castellano en nada le impidió amar y servir a esta diócesis andaluza En 1930 es nombrado Canciller Secretario del Obispado, en 1933 Vicario General y el 18 de enero de 1935 recibió del Papa Pío XI el nombramiento de Deán de la Santa Iglesia Catedral, del que toma posesión el 11 de febrero del mismo año. Por largo tiempo fue Consiliario Diocesano de la Adoración Nocturna y, como consta en los boletines y crónicas, asistía fielmente a todos los Consejos y Vigilias. Adoradores de aquel tiempo afirman que cuando muchos dudaban en salir de sus casas para la adoración en la Vigilia correspondiente él siempre respondía a la pregunta «si vas a ir» «yo sí iré» y ciertamente don Félix llegaba puntual y piadoso como siempre.

SI A MÍ ME HAN PERSEGUIDO…
La Iglesia, como no puede ser de otra forma, se desenvuelve en el tiempo y en el espacio, en el amplio mar de la sociedad en el que ha de valérselas para dejar la estela de Cristo, anunciar su Reino y llevar a los hombres y mujeres al encuentro con Él. Este mar que surca la Iglesia a lo largo de la historia de la humanidad es mucho más grande que el lago de Tiberíades o Mar de Galilea, y, si allí la barca ocupada por Cristo y los apóstoles a veces se veía zozobrar a causa de la olas, no menos va a suceder en este amplio mundo al que nos envió Cristo: «Id al mundo entero y anunciad el Evangelio a todas la gentes». El mismo Jesús nos lo anunció, «si a mí me han perseguido también lo harán con vosotros; no es más el discípulo que su maestro…».

LA PERSECUCIÓN DE LA IGLESIA DEL 36.
La Iglesia en España, implantada en todos los rincones de la misma, formando parte de la cultura de los pueblos hasta el más recóndito lugar, más aún, promotora de cultura, ciencia y vida, creadora y gestora de las instituciones educativas y hospitalarias, no siempre había sido acogida como podría suponerse; más bien, por parte de muchos fue querida y seguida ciegamente y otras ocasiones, por parte de muchos también, fue perseguida y apaleada con saña.

CONVENTO DE LA MERCED.
A don Félix le tocó vivir los tiempos difíciles de la República e inicio de la guerra civil. Vivía en el obispado y junto al Obispo; tanto el lugar como las personas rápidamente se hicieron el punto de mira del más antirreligioso sectarismo. Don Félix, aún teniendo la oportunidad, no se separó del Obispo y por el contrario le asistió hasta el último momento. Antes de hacerlos prisioneros, sufrieron registros en el Obispado, en los que la documentación de siglos, muchas obras valiosas y algunos recibos de fondos depositados en entidades bancarias fueron maltratados, secuestrados, robados o destruidos.Don Félix tuvo que sufrir todos estos envites, que aunque iban dirigidos especialmente al obispo, él siempre estaba allí con serenidad y firmeza, dando ánimo a las personas que sufrían; él daba la respuesta y garantía más oportuna y también, sea dicho, estaba preparado para recibir el castigo más directamente. El trato que recibía el obispo y su familia, la propia familia de don Félix, su padre anciano, suponía para él una fuente se sufrimientos, pero a ello se añadía las noticias que negaban de todos los pueblos de la diócesis y hasta de las iglesias contiguas de la ciudad. Este fue el caso del Convento de la Merced, donde los padres del Corazón de María, Claretianos, sufrieron un asalto, persiguiéndolos a tiros y pereciendo cuatro de ellos, otros fueron gravemente heridos y otros, maniatados, llevados a prisión; pues bien, don Félix conocedor de ello, fue hasta el Convento, recogió el Copón con las Formas Consagradas y las llevó a la Capilla del obispado; entre milicianos fuertemente armados hizo el recorrido con el más precioso tesoro que tenemos los católicos: el Santísimo Sacramento..

D. FELIX Y EL OBISPO ENCERRADOS EN EL PALACIO CONOCIERON LOS DESMANES COMETIDOS EN TODA LA DIÓCESIS: QUEMA DE IGLESIAS, ASESINATOS…
Llegó el levantamiento del 18 de Julio y la guerra civil. Desde el día 20, Don Félix se comunicó con la vivienda del Sr. Obispo y no se separó de él. Fueron días de zozobra e inquietud, las noticias que llegaban de un sitio y de otro eran confusas, pero sobre todo las de la provincia no podían ser más tristes: bastaba ser sacerdote o personas cualificadas como cristianas para ser hechos prisioneros sin otra causa que lo justificara; en muchos casos eran maltratados y martirizados; la mayoría de los Templos, Capillas y lugares sagrados, desde los primeros días, fueron requisados y dedicados a garajes, plazas de abastos o almacenes; otros saqueados e incendiados… El Vicario de la diócesis y Deán de la Catedral, siempre junto al Sr. Obispo, afrontaba la situación con la mansedumbre que le caracterizaba en oración y estudio, en conversaciones íntimas y familiares, siempre confiando en la misericordia de Dios.Al obispo le obligaron a dejar sus aposentos y bajar a la portería; se le ofreció alguna posibilidad de escapar, pero ya sabemos, él es buen pastor que no debe abandonar a sus ovejas… don Félix, por convicción propia, sigue el ejemplo, siempre junto al pastor, también él como pastor bueno. Quedaron, prácticamente recluidos en el Obispado y en tal encierro tuvieron conocimiento del asalto a la Merced y el asesinato de algunos religiosos, el maltrato y reclusión de otros le produjo un gran dolor; desde la residencia episcopal podían ver la Catedral, las continuas entradas y salidas de milicianos, llegadas de armamentos y vituallas… y este padecimiento no les venía sólo por la mala utilización del más emblemático monumento de la Ciudad, sino porque la «Sede», la «Cátedra» episcopal, lugar sagrado de alta significación eclesial, estaba siendo profanada al convertirla en lugar de prisión y de tortura; posiblemente les llegó noticias de la diócesis, y cada una iba empeorando el horizonte.

EL TREN DE LA MUERTE.
El 2 de Agosto de 1936, hicieron salir a don Félix de su domicilio a las 6 de la tarde, fuertemente custodiado, y lo llevaron a la Catedral, donde le interrogarían sobre el templo, sobre las llaves y posiblemente sobre la prisión que se llevaría a cabo; volvió a su domicilio y a penas pudo hablar con su hermana, sólo preguntó por su padre. Cuando había atardecido se presentaron en palacio un numeroso grupo de hombres armados de todas maneras; pistolas, escopetas, palos, herramientas de trabajo; gritaban y gritaban; querían matar al obispo; don Félix avisó al prelado y los dos salieron al encuentro de aquellos forajidos; entraron en conversación los más equilibrados y responsables, quienes les indicaron tenían que acompañarles a la Catedral; a renglón seguido fueron hechos prisioneros: el obispo y sus familiares, hermana doña Teresa y cuñado don Mariano; a don Félix le dijeron que podía quedarse, que la cosa no iba con él, pero respondió firmemente que iría junto a su Obispo y no lo dejaría solo. Desde este momento siguió los mismos pasos hasta la muerte. Fueron llevados a la Catedral, como ya se ha dicho, e instalados a la entrada, en la Sala de fabricanía. Allí vivió momentos de tensión, alguna vez podría comunicar con otros sacerdotes y fieles por lo que bien sabía lo que estaba sucediendo. Don Félix tuvo muy claro que Dios le había elegido para el martirio, no se resistió a tan honrosa llamada, sino que se preparó para dar un paso tan comprometido. Conocemos también la disposición y los preparativos para el traslado de presos desde la Catedral a la Prisión de Alcalá de Henares; don Félix sobrellevaba los comentarios que escuchaba sobre el tren salido el día anterior desde la Prisión Provincial y lo que se sospechaba querían hacer con este; en todo momento trató de dar paz al Sr. Obispo, hermana y cuñado, asistiéndoles en todo momento. Fue en la noche del 11 de agosto cuando se inició el reclutamiento de los presos en la Catedral, aunque la salida de la estación ya fuera en la madrugada del día 12. Don Félix marcha junto con el Obispo para ser llevados hasta la estación de donde partirá el segundo y famoso «tren de la muerte». Antes de salir a la puerta le invitan a quedarse atrás, porque volvieron a decirle que «aquello no iba con él»; la respuesta es contundente: «Lo que sea del Señor Obispo que sea de mí». Afirman que todavía antes de salir de la Catedral se confesaron, recibiendo la dulce misericordia del Señor por el Sacramento de la Penitencia. «Les vi salir, era la una de la madrugada, cuando por la puerta del Sagrario salían «mis cuatro»; les vi entrar en un coche particular; delante iba un camión lleno de presos, detrás un coche con los míos, y detrás de este un camión de milicianos» es la hermana de don Félix la que habla. Me dijeron, después, «que al llegar a Espeluy gritaban las turbas; ¡que viene el obispo de Jaén atadle a la cola del tren! Y en todas las estaciones iban cambiándoles de vagón para despistar…, porque como fieras salían con garfios de hierro buscando al Obispo, y aquel hermano mío seguía la suerte del Señor Obispo». Ya se ha descrito aquella calle del Calvario en que se convirtió el ferrocarril Jaén-Madrid. Los carteles que identificaban los vagones, las noticias que corrían más velozmente que el mismo tren; tal vez el aviso de estación a estación sobre la mercancía que llevaban, hacía que las masas se concentraran en los andenes y al paso o en las paradas del convoy desahogaran todo su odio… y se dirigían específicamente contra el Obispo, pero don Félix lo sufriría más que si contra él hubiera sido…preveía el martirio y se disponía a él y lo recibió como una gracia del Espíritu… pero permanecía en su corazón el recuerdo de su padre anciano y de su hermana, ambos desvalidos en medio de un escenario hostil.

LAS GENTES COMO FIERAS SE AVALANZARON AL TREN.
Al llegar a la estación de Villaverde, entre Villaverde y Vallecas, «los guardias no pudieron contener a las gentes que como fieras se abalanzaron al tren». Frenazos del tren, desvío, marcha atrás y adelante; retirada de la guardia civil, órdenes contradictorias y, más o menos, la orden final «entréguelos a su voluntad». Así lo relata doña Gabriela Pérez Portela, hermana de don Félix. En la descripción de los hechos dice la piadosa señora: «Me dijeron que al Sr. Obispo lo mataron al bajar del tren; que se puso de rodillas con los brazos en cruz, y que mi hermano pidió que lo mataran el último y se lo concedieron, que les animó a dar la vida por Cristo, les echó la absolución y dando un viva a Cristo Rey, le dieron muerte. Esto dijeron los que lo habían visto, dos de los presos que quedaron escondidos debajo del tren, y no mataron más, porque se cansaban de matar, según declaración de los mismos asesinos». Las circunstancias del martirio de don Félix fueron idénticas a las que padeció el Sr. Obispo, por ello contemplarán juntos la gloria del Altísimo.

AL FINAL, LOS RESTOS EN LA CRIPTA DEL SAGRARIO.
Los restos de don Félix fueron llevados al cementerio de Puente de Vallecas y allí inhumados en las zanjas abiertas al efecto, junto con todos los demás asesinados. Aquellos cuerpos exánimes, algunos aún con el calor de la sangre, fueron llevados en camiones sin el más mínimo respeto, ni signo alguno de piedad, tirados en los cajones como mercancía sin importancia. Finalizada la contienda, todos los restos fueron exhumados y trasladados a Jaén en tren fúnebre y por la misma vía por la que habían ido al martirio. Los restos del Sr. Obispo quedaron al pie del Altar Mayor en la Cripta del Sagrario de la Catedral, los demás en el pasillo central de la misma.

Beato Francisco López-Gasco Fernández-Largo
Nació el 4 de octubre de 1888 en Villacañas (Toledo). Ingresó en el Seminario de Toledo en 1901; nueve años después se le envió a estudiar a Roma. Obtuvo el bachillerato, la licenciatura y el doctorado en Teología. Fue ordenado sacerdote y celebró su primera misa el 5 de mayo de 1914, en Roma. Regresó para España el 9 de julio de 1914. Durante los más de veintidós años que ejerció el ministerio trabajó, desde 1914, como profesor del Seminario y capellán de los Hermanos Maristas en Toledo; luego, como coadjutor de la parroquia de Santiago Apóstol de Toledo, en 1918; y en el mismo año se fue a Cuerva de párroco; posteriormente se hizo cargo de la parroquia de Villa de D. Fadrique hasta su muerte martirial.

SEMINARIO DE TOLEDO.
Los testigos afirman que fue un seminarista fervoroso, aplicado y caritativo con todos. Y que, como sacerdote, fue celosísimo en su cargo parroquial, y muy penitente, edificando a todos con su ejemplo. Cultivó las virtudes sólidas y perfectas, en cuyo ejercicio se fue preparando para la corona del martirio. Trató de infundir estas ansias de perfección a las jóvenes, invitándolas a la vida consagrada. Fundó un grupo que formaba parte de la “Alianza en Jesús por María”, hoy instituto secular. Cuando estalla la Guerra en 1936 ya en varias ocasiones, se le había escuchado decir: “Mi deber es estar aquí hasta el último momento, defendiendo cuanto pueda la parroquia que se me encomendó”.
En la foto, el día que Miguel Beato (sentado, primero por la derecha)canto misa en La Villa, el 18 de abril de 1936. En el centro, sentado, esta el párroco. Los dos fueron beatificados en Roma en 2007.
Del 18 de julio al 3 de agosto, días durante los cuales estuvo recluido en casa del sacristán de la parroquia, el Siervo de Dios Buenventura Huertas, no trató nunca de esconderse: recibía a los feligreses, los confesaba, les administraba los sacramentos, sin temor a ser denunciado y condenado a muerte, como sucedió. Fueron días de ejercicios espirituales, de preparación al martirio, que veía próximo. Celebraba todos los días una paraliturgia explicando el evangelio del día a los familiares del sacristán, recibía la comunión y la distribuía a todos. Recitaba con devoción el oficio divino, que después explicaba a los demás y todos los días rezaba el rosario. Les enseñaba cómo tenían que comulgar si lo metían en la cárcel.

Murió en la mañana del 9 de agosto. Ya hemos narrado al principio que en la noche del 8 de agosto, los verdugos trataron de matarlo a él y a otros ocho prisioneros con palos, como si fueran bestias. En la mañana del 9 agosto, dando a todos por muertos, los cargaron en una galera para llevarlos a enterrar. Aunque el Siervo de Dios había sobrevivido a los golpes, lo echaron en la galera en medio de los cadáveres. Llegados al término llamado “La Media Luna”, después de mofarse del Siervo de Dios, le rompieron el cráneo con un “macho” de fragua y lo enterraron en una zanja.

“Don Paco, como cariñosamente le llamaban en el pueblo, estaba vivo”. Es el sacerdote don Valentín Ignacio, quien presenció el interrogatorio de algunos de los criminales de guerra durante el juicio penal y tomó nota de algunas declaraciones:“Los cogimos a los nueve y los cargamos en el carro o galera (no recuerdo en qué fue), algunos iban ya muertos, don Paco iba vivo y cuando llegamos a media Luna (lugar donde los enterraron) cavamos para hacer el hoyo y enterrarlos; y dijo uno: “Paco, échales un responso”, y él se lo echó a todos. Después dijo otro: “Paco, échanos un sermón como los que echabas en la iglesia” y sentado con los pies colgando en el hoyo que iba a servir de sepultura, comenzó a hablarles con estas o parecidas palabras: “Hijos míos: yo viene a este pueblo de cura, para procurar que todos se salvasen, no sé si alguno se habrá salvado; moriría satisfecho, que todos vosotros o alguno se salvaba, que Dios os perdone como yo os perdono”. Y dijo el miliciano declarante… que fue uno por detrás y le dio en la cabeza con el mocho de un azadón o con el de un pico o con un macho de fragua, no sé con qué, y lo matamos, y cayó así en la sepultura».


BEATO JOSÉ POYATOS RUÍZ.

«Joven mártir, integrante de la Acción Católica. Generoso, valiente, únicamente hizo el bien a su alrededor. Sin embargo, los enemigos de la fe le acosaron vilmente dándole la muerte en las tapias del cementerio de Úbeda en 1936»

CASTILLO DE VILCHES
Nació en Vilches, Jaén, España el 20 de octubre de 1914.Vilches es un pueblo de arraigadas costumbres que se desarrollan durante todo el año:17 de enero: San Antón, durante la cual se llenan las calles de hogueras de ramas de olivo.Semana Santa: Entre los meses de marzo y abril, se celebra la Semana Santa; semana marcada por los actos religiosos y por sus procesiones desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Pascua, en la que se pueden ver distintos tipos de pasos y de cortejo procesional, en la actualidad la tendencia de la población más joven es pasar los días estivales en el campo, desde el Miércoles Santo hasta el Domingo de Resurrección, haciendo de los lugares de acampada auténticos pueblos donde se instalan carpas y se hace de la Semana Santa un punto de encuentro de amigos y familiares.9 de mayo: Festividad de San Gregorio, celebrada en la conocida barriada de los Mesones. Primera feria del año, en la cual se le hace una romería al Santo, al que se le colocan roscos de pan que posteriormente son bendecidos y repartidos entre la gente para su ingesta. Esta feria es conocida por su animación, puesto que la temperatura de la fecha ayuda al disfrute de la verbena.25 de julio: Festividad de Santiago Apóstol, celebrada en la popular barriada de la Estación, donde jóvenes y mayores se divierten en las noches de verano.

VIRGEN DEL CASTILLO.
15 de agosto: Festividad de la Virgen del Castillo, patrona del pueblo, durante la cual, del 14 al 18 de agosto, es celebrada la feria más importante para el pueblo, caracterizada por los actos religiosos en honor a la patrona, sus verbenas populares, encierros y numerosos actos para pasar unos buenos días entre amigos y familiares, pues es en estas fechas cuando más gente que —por una cosas u otras—, está fuera del pueblo, aprovecha para pasar unos días en concordia al regazo de la patrona.31 de octubre: Vísperas de Todos los Santos. Se celebra una costumbre denominada «hacer las gachas», consistente en reunirse los amigos en torno a este popular guiso a base de harina, agua, azúcar y tostones para ser digerida entre charlas y recuerdos de los ausentes.

CIUDAD DE BAEZA.
Fue el decimotercero de quince hermanos. Cinco de ellos murieron a una edad prematura por causa de enfermedades infantiles que no siempre pudieron atajarse en esa época. La profesión de su padre, empleado en Obras Públicas, impregnó el devenir de todos en constante trasiego por las localidades en las que el trabajo lo reclamaba; los hijos procedían de diversos lugares. Puede que la serranía de Cazorla marcase al beato ya que en una de sus localidades, Tíscar, donde vivió poco tiempo, se veneraba a la Virgen en el Santuario. Y la disponibilidad de la Madre del cielo, su fiat serían lecciones que seguramente le acompañaron en su fugaz tránsito en la tierra y le alentarían en su martirio. Casi toda su infancia y juventud discurrió en Úbeda y Baeza, localidades prósperas por la cercanía del ferrocarril.

FÁBRICA DE ORUJO.
Asentados en Rus veían que los ingresos no les permitían costear las necesidades de tan larga prole, y comenzaron a regentar un establecimiento de comestibles en el que trabajó José María durante unos años. Los vecinos que iban a proveerse de lo preciso supieron pronto que era un muchacho muy especial. Aprendió en su hogar a compartir con los demás aquello que la vida otorga, como lo vienen haciendo los componentes de las familias numerosas. Y sensible a la penuria de las personas que malvivían, ni siquiera fiaba, sino que solía dar lo que precisaban aún sabiendo que no tendrían medios para pagarlo. Evidentemente, con ese espíritu el negocio no podía prosperar, sino que iba a llevar a los suyos a la ruina, y sus padres le enviaron a Úbeda para que se emplease en una fábrica de orujo.

FERVOROSA VIDA CRISTIANA
Mientras esperaba incorporarse a este empleo, los olivares, santo y seña de esas tierras, le proporcionaron el pan a él y a una de sus hermanas. De sol a sol se afanaron en conseguir dignamente un modesto sueldo con el que iban a contribuir a la escueta economía familiar. Su hermana recolectaba la aceituna y él acarreaba las caballerías. Con el gozo de poder ayudar a sus seres queridos, las inclemencias meteorológicas y las penalidades del día a día quedaban suavizadas. En sus venas latía la fe y confianza en la divina Providencia que habían heredado de sus padres. Finalizando 1935 los dos hermanos concluyeron esta labor y José María entró en la fábrica. Para facilitar sus desplazamientos, alquilaron un piso en Úbeda donde el joven comenzó a frecuentar la parroquia de san Nicolás de Bari. Allí se afilió a la Acción Católica que puso en marcha en Rus compartiendo su fe con niños y jóvenes. Sencillo y humilde proseguía un itinerario espiritual. Era componente de la Adoración Nocturna que se realizaba en la iglesia de Santa María de Úbeda. Este camino iba incrementándolo con las pautas la oración, el rezo del rosario, la asistencia a misa y la frecuente recepción de la Eucaristía acompañado por su director espiritual. Efectuaba el apostolado con hijos de sus compañeros de trabajo, creando una especie de escuela para los que no podían ir a la pública.

PREFIERO MORIR A VER LA CRUZ POR LOS SUELOS
Pero los enemigos de la Iglesia fueron creciendo y los creyentes estaban en peligro. La fe de José María era fácil de vislumbrar; nunca ocultó sus creencias y sus obras evidenciaban la fortaleza de una persona hondamente convencida de la verdad evangélica. Por medio de un religioso pudo obtener otro trabajo, pero no quiso aprovecharse de esta recomendación que podía dejar en la estacada a otras personas. Sus compañeros, imbuidos del ambiente anticlerical, comenzaban a darle la espalda. Relegaron al olvido el bien que hacía entre ellos y sus familias. Se mofaban de él, buscando herirle en lo que más le dolía: su amor a Cristo. Cobardemente agazapados, esperaban que pisara las cruces que habían puesto encima del orujo. El joven no claudicó: «prefiero la muerte a ver la Cruz por el suelo».

PERDÍÓ
Como no secundaba posturas radicales dentro de la fábrica, incompatibles con la visión que le proporcionaba su fe, perdió su trabajo. Iba siendo consciente de que ese podría ser el primer paso que le conduciría a la muerte. Era valiente, pero no temerario: «Vendrán a buscarme, pero yo ciertamente no tengo intención de buscar la muerte, y me llevarán al lugar al que debo ir para testimoniar; allí, a pesar de lo que me pidan, no diré una palabra contra nadie ni contra nada; puedes estar tranquila. Después me atarán y me llevarán al lugar destinado», confió a su hermana.

LO FUERON CERCANDO COMO UNA PIEZA DE CAZA.
Lo fueron cercando como a una presa de caza. Iban tratando de asfixiarle haciendo guardia delante de su domicilio para terminar con su vida en cuanto pisara la calle. Pudo haber huido, pero no quiso hacerlo. Confiaba tanto en la divina Providencia que sabía que si se alejaba de allí para conservar su vida, podría estar dando la espalda a la voluntad de Dios. Hecho un mar de fe y confianza aguardó sereno, plenamente consciente de lo que iba a recaer sobre él, como dijo a su preocupada hermana: «Desde luego que la vida así es triste, han matado a tantos que conocía y quería. Pero a mí cómo no me va a gustar vivir. Es lástima que me maten a los veintiún años […]. Por otro lado, ¡qué dicha perder la vida por salvar el Alma! Todos hemos de morir, pero de esta forma es seguro que se salva el Alma…». Le guiaba esta esperanza cierta: «En el cielo me uniré a los que me esperan y, desde allí, pediremos y lograremos el triunfo de la fe en España»

Lo asesinaron, como a su padre y hermanos en las tapias del cementerio de Ubeda el mes de agosto de 1936.

BEATO FRANCISCO SOLIS PEDRAJAS.

BEATO FRANCISCO SOLIS PEDRAJAS.
Don Francisco Solís Pedrajas nace el 9 de julio de 1877 en Marmolejo y es bautizado ese mismo día en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Paz.Ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 1900, fue enviado de coadjutor a la Parroquia de Santiago Apóstol de Valdepeñas. En agosto de 1907 toma posesión como párroco propio de la Iglesia de San Mateo Apóstol de Baños de la Encina.

Iglesia de San Juan Evangelista de Mancha Real
Mediado el verano de 1913 es enviado, en comisión de servicio, a la Parroquia de San Esteban, en Santisteban del Puerto, y en el mes de febrero de 1914 toma posesión como Párroco de la Iglesia de San Juan Evangelista de Mancha Real.En este pueblo tuvo la oportunidad de manifestar sus inquietudes sociales fundando un Sindicato Católico y emprendiendo una parcelación de terrenos en una finca para los jornaleros.También promovió un Colegio con ideario católico: el SADEL (Socidedad Anónima de Enseñanza Libre).

MANCHA REAL.
Al inicio de la Guerra Civil, en la segunda quincena de julio de 1936, es detenido e ingresa en prisión en Mancha Real; poco después es trasladado a Jaén donde ingresará en la Catedral reconvertida por las autoridades republicanas en cárcel.En la madrugada del 4 de abril de 1937, junto a otros compañeros de presidio, fue trasladado al cementerio de Mancha Real y fusilado al amanecer del mismo día 4.Sus restos se conservan en el cementerio de Mancha Real. En la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, reunida en Tarragona, el 27 de octubre de 2012 se concede a Francisco Sólis Pedrajas el título de BEATO. La consideración de beato constituye el tercer paso en el camino de la canonización. El primero es siervo de Dios, el segundo venerable, el tercero beato y el cuarto santo.
Los cuatro sacerdotes referidos son José Máximo Moro Briz, asesinado en El Tiemblo; José García Librán, pasado por las armas en Arenas de San Pedro; Damián Gómez Jiménez, en el puerto del Pico, y Agustín Bermejo Miranda, en El Barraco.

José Máximo Moro Briz
Moro Briz, José Máximo. Santibáñez de Béjar (Salamanca), 29.V.1882. Sacerdote, mártir en la Guerra Civil . Santibáñez de Béjar es un municipio y localidad española de la provincia de Salamanca, en la comunidad autónoma de Castilla y Léon. Se integra dentro de la comarca de la Sierra de Béjar. Pertenece al partido judicial de Béjar y a la Mancomunidad Ruta de la Plata. Su término municipal está formado por las localidades de Santibáñez de Béjar y El Parador, ocupa una superficie total de 29,80 Km2 y según los datos demográficos recogidos en el padrón municipal elaborado por el INE en el año 2017, cuenta con una población de 476 habitantes.

TORRE DEL MARQUÉS DE FUENTESOL
El monumento histórico más visible y significativo es la Torre del Marqués de Fuentesol, construcción militar del S. XIII. Originalmente era un puesto de vigilancia fronterizo, juntamente con otra de iguales características, de la que quedan vestigios, con una pequeña fortificación complementaria. Ambas torres dominaban el paso hacia el Reino Leonés, camino de Guijo de Avila. Tradicionalmente, las dos fuentes de riqueza locales eran la lana y la montanera, representadas heráldicamente por la figura artificial de una tijera y la natural de las bellotas. Santibáñez de Béjar se vio beneficiada por la Mesta, practicándose en sus pagos el esquileo. Eran muchos los corrales, repartidos por el término y parajes por donde transcurría el ganado trashumante, en donde se empacaban los vellones para ser transportados. Una parte eran conducidos a Béjar para su transformación textil y otra, vía Burgos, llegaba a Bilbao para ser exportada.

EXPLOTACIÓN DE LA BELLOTA.
Uno de los ingresos seguros del Municipio era la explotación de la bellota, cuya temporada de utilización duraba siete semanas, estableciéndose durante dicho periodo rigurosa vigilancia. Se conservan reglas o disposiciones, a manera de ordenanzas, de 1836 y 1853, encaminadas a impedir el aprovechamiento del fruto por ganado de cerda sin licencia. Las personas sorprendidas vareando para cerdos eran penas con sanciones pecuniarias y de cárcel, dobladas si la infracción se cometía aprovechando la nocturnidad, entendiéndose por tal desde la puesta de sol hasta el amanecer.

IGLESIA DE SANTIAGO APÓSTOL
Además de la Torre, destaca entre sus monumentos la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol (S. XV), la Ermita de Nuestra Señora de Valparaíso (Se cree que originalmente fue construida sobre un antiguo templo romano del que se conservan las bases) y el edificio del Reloj (construido en 1892 en piedra de granito).Entre su patrimonio destaca El Risco (importante poblado calcolítico del (3.000 a.C., periodo en el cual se desarrolla el fenómeno megalítico: técnica de enterramiento colectivo que se realiza en estructuras tumulares a base de grandes bloques de piedra que forman una cámara, a la que en ocasiones se añade un corredor de acceso; en dicha cámara se enterrarían los miembros de una misma familia) y El Cerro del Berrueco (el poblamiento y yacimiento arqueológico del Cerro del Berrueco, se sitúa en un cerro de 1.354 m de altitud en el límite sureste de la provincia de Salamanca con la de Ávila en los términos de Medinilla, Puente de Congosto y El Tejado. El yacimiento se conocía desde antiguo por numerosos hallazgos dispersos en colecciones particulares. No se han realizado excavaciones, pero dichos hallazgos presumen una ocupación desde el s.VII al s. III a. C., por tanto sin romanizar).
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EN VALDERODRIGO.
Nos centramos ya en José Máximo. Nació en Santibáñez de Béjar (Salamanca), 29.V.1882 Sacerdote, mártir en la Guerra Civil Española.Su padre Jorge era natural de Villavieja de Yeltes (Salamanca) y maestro de Santibáñez. Su madre Fernanda Briz era de Santibáñez. Su tío era el párroco de Valderrodrigo (Salamanca). José Máximo era el mayor de seis hermanos. Uno de sus hermanos, Santos, fue obispo de Ávila (1935-1968). Su hermana Modesta murió durante la Guerra de 1936 en la carretera Madrid-Toledo. José Máximo ingresó en el Seminario de Ávila el día 2 de octubre de 1896. Realizó sus estudios sacerdotales, obteniendo excelentes calificaciones. Coincidió en el seminario con su hermano Santos.

CORO POLIFÓNICO DE CEBREROS.
Se le consideró ejemplar por su vida de piedad y dedicación al estudio. El día 5 de junio recibió el subdiaconado. El día 17 se le confirió el diaconado. El prelado diocesano era en todas ellas monseñor Joaquín Beltrán y Asensio. La ordenación sacerdotal se realizó el día 24 de septiembre de 1910. Le confirió el presbiterado el obispo dominico fray Máximo Fernández. El día 20 de enero de 1911 fue nombrado cura ecónomo de Santa Lucía, comarca de Barco de Ávila. El día 31 de diciembre fue nombrado párroco de Tormellas. En los dos lugares guardan un especial recuerdo, pues, entre otras obras, dotó de una central eléctrica a varios pequeños pueblos cercanos. El 3 de octubre de 1919 fue nombrado cura regente de la parroquia de Velayos y cesó el 29 de abril de 1920, día en el que volvió a su parroquia de Tormellas. El día 3 de abril de 1922 tuvo servicio doble en Navalonguilla. El 22 de noviembre de 1924 fue nombrado arcipreste del partido del Barco de Ávila y finalmente, el 25 de junio de 1926, fue nombrado párroco de Cebreros.

CASTAÑAR DEL TIEMBLO.
Desde 1931 el ejercicio de la vida religiosa era muy complicado. El día 22 de julio de 1936 unos milicianos comunistas, bien armados, fueron a su casa rectoral para detenerle, le amenazaron con matarle, pero unos feligreses lo impidieron. El día 24 de julio le informaron del asesinato del párroco del vecino pueblo de Navalperal de Pinares. Él era consciente de lo que le esperaba y escribió una carta a sus familiares. Les invitaba a “ser buenos, para que nos juntemos en el cielo”. A media mañana se presentaron en su residencia unos milicianos de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y pidió que le matasen allí mismo, pero, sin escucharle, fue sacado de su casa. En medio de graves insultos le condujeron a una camioneta que esperaba en la plaza y en la carretera del Tiemblo pararon. Le hicieron bajar de la cabina y le pusieron junto a la cuneta. Las fuerzas le fallaron y un miliciano le sujetó por detrás. De pronto se oyó un disparo que fue a parar al miliciano. José Máximo, dándose cuenta de la gravedad de la herida, se acercó al miliciano para consolarle y darle la absolución cuando, momentos después, una ráfaga de disparos terminó con su vida y allí mismo fue semienterrado. Cebreros fue liberado a los tres meses. A mediados de octubre su hermano Santos y muchos sacerdotes y feligreses fueron a buscar el cadáver al lugar donde había sido enterrado para trasladarlo al cementerio municipal. En la iglesia de Cebreros se improvisó un funeral de cuerpo presente. Meses después, y con mayor asistencia, su cuerpo fue trasladado al templo parroquial de Cebreros. Continúa en el presbiterio, al lado del Evangelio. La causa de canonización fue introducida por Santos en 1955. Hoy la causa está completa.